Uno o dos días bastan para una cena. Para un evento, un día en yate o una velada especial, unos días nos permiten acertar con la elección. Para un viaje, una semana o más. Con poca antelación también suele ser posible: la acompañante adecuada para una velada concreta no siempre es la que está libre esta noche, y esa es la única razón por la que pedimos tiempo.